El Centro Municipal Integrado de El Llano (c/ Río de Oro, 37-
Gijón), en la sesión del mes de Octubre-2018 (Lunes,
día 29, a las 19 horas) da continuidad a su Cine-Forum “Recuperando la Memoria Histórica”, con el Ciclo “Filmábamos ayer…:
Juan Antonio Bardem, Ladislao Vadja, Edgar Neville, Fernando Fernán gómez” (que
hará una cala en lo mejor -y más
olvidado- del cine clásico español de grandes directores ya fallecidos)…
Esta actividad, organizada en
colaboración con el Departamento de
Proyectos Culturales de la FMCEyUP del Ayuntamiento de
Gijón, sigue con la proyección de Mi tío Jacinto (España- Italia, 1956) de Ladislao VAJDA (Budapest,
Imperio Austrohúngaro, 18 de Agosto de 1906- Barcelona, España, 25 de Marzo de
1965). Película
generalmente considerada la obra maestra absoluta
de uno de los grandes clásicos del cine español y europeo que, rodando en
nuestro país, Hungría, Portugal, Italia o Inglaterra, contribuyó a renovar
felizmente el devastado panorama cinematográfico español de los años cuarenta y
cincuenta; con técnica fuertemente expresionista,
ahondando en la tradición de Fritz Lang o William Dieterla, Mi tío Jacinto consagra una suerte
de tenebrismo pictórico, presente al
menos desde Marcelino Pan y Vino (1954) que da a su mirada un enfoque neorrealista de gran eficacia emocional…
Porque en ella se nos cuenta la peripecia de Pepote, un huérfano de siete años,
que malvive con su tío Jacinto en los límites chabolistas
de Madrid. Pepote adora a Jacinto, aunque éste, extorero con más frustraciones que orejas,
sea un borrachín sin oficio ni beneficio; así que se cuidan mutuamente y
afrontan su cotidianidad indigente con cierto ingenio, vendiendo el tabaco
residual de las colillas que recogen, ejerciendo de recaderos o llevando adelante
precarios negocios fruto de las agudas ocurrencias del niño… Y, cuando una
buena mañana Jacinto recibe una carta ofreciéndole participar esa misma noche
en una charlotada a cambio
de ¡1500 pesetas!, un verdadero capital en esa España postbélica, no
dispone de las 300 pesetas necesarias para alquilar un traje de
luces. Con apenas un día para conseguir ese dinero, acabarán por meterse
incluso en estafas, pese a la permanente voluntad de Jacinto de mantener a Pepote
ajeno al delito… Por ello, carecen de toda pericia en el timo y acabarán en una
comisaría, perdiendo hasta los relojes falsos en los que habían gastado sus
mínimos ahorros y a punto de que las autoridades quiten a Jacinto la custodia
del niño. Ya con la noche casi encima, la desesperación lleva al viejo a
aceptar la descarga de los pesados sacos de un camión a cambio de las dichosas
300 pesetas, pero, cuando cae agotado en medio de la tarea y todo parece ya
perdido, serán las lágrimas y el candor
de Pepote los que logren que el sastre les compadezca y les preste el traje
para torear… Los dos, junto a un custodio del traje, llegarán a la plaza
de las Ventas bajo la ilusión de Jacinto por triunfar para redimirse
ante su sobrino querido. Pero la lluvia inclemente arruinará su actuación y, derrotado, saldrá
de la plaza sin saber cómo afrontar la decepción en el rostro de Pepote. Pero
éste no ha sido testigo de fracaso alguno, al haberse marchado de la plaza
cuando empezó a llover, y, ante sus preguntas, Jacinto mentirá presumiendo de
pases y estocadas inverosímiles… Las risas jalonarán, pues, junto a las
imaginarias gestas toreras, su feliz regreso a casa.
Ejemplo eminente de la
adaptación del neorrealismo italiano
a España (junto a los Berlanga, Bardem o Marco Ferreri de este tiempo), en Mi
tío Jacinto encontramos reminiscencias temáticas y formales evidentes
del Ladrón De Bicicletas (1948) de Vittorio De Sica: una
pareja de adulto y niño emparentados (tío y sobrino aquí, padre e hijo allí) que,
en un contexto material y moralmente miserable, deben ingeniárselas para buscarse
la vida, con “objeto fetiche” (traje de luces aquí, bicicleta allí) de por medio… Pero, más allá de las analogías
estructurales, ambas son verdaderas obras
maestras dignas de constante revisión. La historia de la que nos ocupa se
muestra desde la mirada, tan inocente como despierta, de un niño, Pepote (Pablito Calvo), y adquiere matices
poéticamente melancólicos (que pueden derivar en ocasiones hacia una épica trágica, como en la charlotada final bajo la lluvia) capaces
de teñir de sensibilidad exquisita incluso la sucesión de escenas donde la picaresca y el costumbrismo retratan paisajes y personajes del menesteroso Madrid
de los años autárquicos (incluyendo timos
llenos de audaz caradura, como el de la modificación de la Guía Telefónica
para colocar a un primo un Murillo de pega con la supuesta garantía, vía
telefónica, del mismísimo director del Museo del Prado). Película, pues,
excelsa y cima del genio de Ladislao Vajda, Mi tío Jacinto nos pasea sin
rodeos de la durísima supervivencia (hablar de “vida” sería, tal vez, excesivo)
de una época oscura de España. Y lo
hace, sin embargo, con regusto ásperamente tierno al que sirven con pericia la
fotografía en blanco y negro de Heinrich Gärtner, la cuidada ambientación y
decorados de Antonio Simont, o las excelentes interpretaciones de un niño Pablito
Calvo en estado de gracia perfectamente replicada por un Antonio Vico fuera de
su “zona de confort” cómica, y un eficaz elenco secundario (en el que aparecen el
gran Pepe Isbert como falsificador de relojes, un joven Gila timador que
utiliza como compinche a Top, Joaquín
Portillo, por entonces pareja cómica de Tip,
Luís Sánchez Polack, que aquí ejercía de dependiente/custodio de la sastrería,…).
Magistralmente armonizados por la brillante destreza del director de origen austrohúngaro… Todo ello la sitúa entre las mejores películas
españolas de la historia y, ya en su momento, le valió el Premio “Oso de Plata” del Público en su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín
1956; el Premio Fotogramas de Plata
1956 al Mejor Intérprete de Cine
Español (Pablito Calvo); el Premio a
la Mejor Fotografía 1956 (Heinrich Gärtner) del Sindicato Nacional del Espectáculo de España; o la Medalla a los Mejores Decorados 1956 (Antonio
Simont) del Círculo de Escritores
Cinematográficos de España.
Como siempre, se proporcionará a las personas asistentes documentación
sobre la producción proyectada (Ficha técnica y artística, carteles, biografía
del director, sinopsis, y comentarios histórico, ético-político y
cinematográfico) realizada por el coordinador del Cine-Forum (José Ignacio
Fernández del Castro); para, tras la proyección, desarrollar un pequeño
coloquio.
La sesión se celebrará en el Salón
de Actos (Planta Baja) con asistencia libre. Resulta importante señalar
la necesidad de acudir puntualmente a la hora fijada, pues, para evitar ruidos
que interfieran la proyección, una vez iniciada la misma, se cerrarán las
puertas de acceso a la sala.